jueves, 1 de junio de 2017

Sierra Estronad

BTT Itinerario:
Ardisa-Casas Carbonera-Sierra Estronad-Erés-Biscarrués-Ardisa. 

Equipo inicial:
Alfonso, Domingo, Félix, Miguel_Monesma y Víctor (5).

Domingo, 21 de mayo de 2017.

Con esto del embalse de Biscarrués son muchos los pueblos afectados que a través de las coordinadoras se han puesto en pie de guerra contra la Administración, y no es para menos. Si alguna vez se llega a construir el polémico pantano, aparte de poner en riesgo toda la actividad que se desarrolla en este tramo del río Gállego, se perderá para siempre uno de los parajes más bellos de la Galliguera. Hoy nos hemos propuesto recorrer una parte de esta zona partiendo desde el pueblo de Ardisa, un apacible rincón de la comarca de las Cinco Villas a menos de una hora de Zaragoza en coche. 

A la hora prevista salimos en grupo de la plaza principal de Ardisa buscando la pista de la Carbonera. A nuestra izquierda dejamos la ermita medieval de San Vicente para comenzar la subida a Sierra Mayor. Cuando el navegador avisa de que estamos llegando a Balsa Nueva enseguida busco la monumental sabina de Ardisa, pero lo que veo no es una sabina, es una encina de gran porte situada a la derecha del camino. En este primer tramo de recorrido encontramos numerosos charcos de agua que vamos salvando como podemos, teniendo que maniobrar por estrechos pasos pegados a la vegetación para evitar el barro. La pista discurre por el lomo de la sierra entre un espeso bosque donde apenas encontramos un hueco libre por donde mirar el paisaje. Ha pasado una hora y cuarenta minutos cuando alcanzamos Casas Carbonera.   

Monumental encina en Balsa Nueva (Ardisa)
Tras dos horas de larga ascensión salimos a un claro del bosque donde se halla el esperado desvío de bajada. No queremos comenzar el descenso sin antes echar un vistazo a las altas cumbres del Pirineo Central (todavía nevadas) que desde aquí se ven asomándose por encima de las sierras inferiores de la cordillera, destacando, por entre el espacio que dejan los mallos de Riglos y los mallos de Agüero, la formidable mole del Bisaurín. A lomos de una de las estribaciones de Sierra Mayor parte la pista forestal que desciende hasta el pueblo de Sierra Estronad. En el descenso nos vemos sorprendidos por una abundante foresta que nada tiene que envidiar a la que se encuentra en las sierras interiores del Pirineo. La pista desciende por terreno ondulado de excelente trazado alternando tramos cortos de subida con otros de pronunciadas bajadas. 

Paraje en Sierra Mayor
En las inmediaciones del cerro de Puimascarón, a la orilla del camino, aparece un curioso cartel de cerámica incrustado sobre un pequeño muro de piedra (no muy al uso de lo que estamos acostumbrados a ver por aquí) indicando que estamos en las inmediaciones del pueblo abandonado de Sierra Estronad. No queremos perder la ocasión y posamos todos juntos para dejar inmortalizado nuestro paso por este lugar.

Un curioso cartel de cerámica nos indica que estamos cerca de Sierra Estronad
Al llegar a Sierra Estronad nos vemos sorprendidos por los ladridos de dos perros advirtiendo de nuestra presencia, el más pequeño se encuentra amarrado y con cara de pocos amigos; el grande, aunque anda suelto, se muestra menos agresivo. Enseguida aparece una señora calmando a los canes y dirigiéndose a nosotros para decirnos que son inofensivos. Tras cruzar unas palabras con ella, muy amablemente nos invita a pasar para que podamos visitar la zona rehabilitada del pueblo. Pronto podemos comprobar que no está tan abandonado como pensábamos. A primera vista aparenta ser un lugar idílico, por lo menos hasta donde pueden ver nuestros ojos: parte de los edificios de la entrada están reconstruidos; una vieja encina de gran porte, rebosante de buena salud, preside el recinto; mientras que un bonito jardín de lirios, medio marchitos, adorna la calle principal entre otros detalles. Esta gente le echa mucho valor para vivir en un lugar tan apartado de la civilización. Aunque es difícil entender lo que les ha llevado hasta este lugar, hay que reconocerles la extraordinaria labor y el empeño por mantener con vida este pueblo de nombre tan sugerente.   

Calle de entrada al pueblo de Sierra Estronad
De vuelta a las bicicletas agradecemos a la señora la atención recibida y, de paso, ella se presta voluntaria para echar una foto al grupo, cosa que nos congratula enormemente, ya que en estas ocasiones siempre falta uno u otro en la foto. A estas alturas de la visita los perros ya no nos ven como tales intrusos e incluso se dejan acariciar, aunque el más pequeño de los dos canes todavía sigue sin tenerlo muy claro con alguno de nosotros.

El grupo al completo posando en Sierra Estronad
Mientras abandonamos Sierra Estronad pienso en lo dura que debió ser la vida para que un día sus gentes decidieran abandonar un lugar tan bonito como este. Pronto tengo que centrarme en la bicicleta, la pista desciende vertiginosamente por terreno que requiere toda mi atención, el piso se encuentra muy erosionado y presenta gran cantidad de piedra suelta. Desde luego no parece que sea este el camino que utilizan los coches para acceder a Sierra Estronad. 

Cuando llegamos a la orilla del Gállego, en la confluencia con el barranco de Barratiella, la ruta tuerce a la izquierda para seguir remontando el cauce del río. En la otra orilla se encuentra el diminuto pueblo de Erés asentado sobre un llano varios metros por encima del nivel de río. Al fondo del valle, por encima de un frondoso bosque de ribera, se aprecia a lo lejos las inconfundibles formaciones de los mallos de Riglos.  

Aguas del río Gállego, al fondo se divisan los Mallos de Aguero y Riglos
Seguimos aguas arriba del río Gállego hasta encontrarnos con el puente de hierro de Santa Eulalia. La ruta nos lleva a cruzar el oxidado puente para luego continuar aguas abajo por el sendero que recorre la orilla izquierda del río. Me cuesta creer que un día pueda quedar todo esto sumergido en las oscuras aguas de un pantano. Una salida de pista de mi compañero me devuelve a la realidad, algo había en el sendero que casi nos hace perder a los dos el control de la bicicleta. Sumergidos en absoluto silencio seguimos recorriendo el sendero de la orilla del río. Un sonido repetitivo y seco capta mi atención; tras una breve pausa vuelve a escucharse de nuevo: tatatata... es el tamborileo que produce con su pico un pájaro carpintero al taladrar el tronco de un árbol. ¡Un sendero para los sentidos!

Puente de hierro de Santa Eulalia de Gállego
Un saliente del monte bloquea el sendero del río obligándonos a bajar de las bicicletas. A partir de este punto tendremos que subir nuestra máquina a cuestas por un tramo de escalones hasta lo alto de un bosquecillo donde el sendero continua por terreno llano alejándose del río. Pero nuestra alegría no dura mucho, porque unos metros más adelante volvemos a descender hasta el cauce de un barranco para comenzar de nuevo una inclinada subida de tropecientos escalones que hay que salvar hasta alcanzar la cercana ermita de Erés.  

Ermita de Erés
Apenas un puñado de casas se arremolina alrededor de la plaza de Erés. Sobre la fachada del brocal de un pozo o depósito de agua (no se sabe muy bien) que preside la plaza, se puede leer un bonito lema que llama mi atención, el autor trata de concienciar al visitante de lo importante que es el río para las gentes de este lugar. Si un día estos pueblos quedan bajo las aguas de un pantano, todos habremos perdido algo.

Plaza de Erés, «Mi son es el cántico del río herido. Mi arrebato el clamor de un pueblo en su defensa»
Resumen
Desde que empezó todo este lío del embalse de Biscarrués, que va para tres décadas, ya me rondaba por la cabeza el hacer una visita a esta zona y, para conocerla de cerca, qué mejor que una ruta en bicicleta. Cuando escuché, o más bien leí, por primera vez el nombre de Sierra Estronad pensé que se refería a una zona montañosa en concreto, pero pronto comenzó a interesarme cuando comprendí que se trataba de un pueblo abandonado de la provincia de Zaragoza.

La ruta discurre por un territorio que calificaría de naturaleza salvaje, empezando por la Sierra Mayor donde aquí la vegetación lo engulle todo. Tal es así que la pista de subida cuando gana altura penetra dentro del bosque sin encontrar un pequeño resquicio por donde asomarse hasta llegar a Casas Carbonera, posiblemente el topónimo "Carbonera" le venga del carbón vegetal que se sacaba a partir de esos hermosos árboles que son las encinas que, por cierto, aquí son muy abundantes y de dimensiones considerables. El tramo de descenso, comprendido entre Sierra Mayor y el pueblo de Sierra Estronad, fue el que más dudas suscitaba a la hora de incluirlo en la ruta, ya que en los planos aparece claro su trazado, pero en la ortofoto (vista aérea) el camino desaparece en gran parte del trayecto. La duda quedó despejada cuando metro a metro tuvimos la oportunidad de recorrerlo: la vegetación es tan densa en esa zona que los propios árboles al entrecruzar sus ramas van formando un túnel que envuelve el camino, de ahí que no se aprecie bien su trazado a vista de pájaro. Antes de llegar al desvío de Sierra Estronad nos encontramos con un par de barreras que no contábamos, aunque afortunadamente con los accesos abiertos. A pesar de lo abrupto del territorio y de la sensación de abandono que se percibe, sorprende el buen estado de conservación en el que se encuentran la mayoría de los caminos por los que transitamos.

El pueblo de Ardisa se encuentra situado en la misma raya que divide las provincias de Zaragoza y Huesca. Hasta el año 2002 este municipio pertenecía a la comarca de la Hoya de Huesca; por alguna razón administrativa, que no se entiende muy bien, pasó a formar parte de la comarca de las Cinco Villas. Esta zona de la Galliguera es la gran desconocida para muchos zaragozanos al quedarse fuera de las grandes vías que suben hacia las estaciones de esquí, sin embargo, el curso del río Gállego siempre ha sido el camino más corto para subir al Pirineo, aunque no siempre el mejor. Las últimas mejoras en las comunicaciones por carretera, entre Gurrea y Marracos, ya permiten hacer el trayecto Zaragoza-Ardisa en algo menos de una hora.

El pueblo de Sierra Estronad fue abandonado a principios de los años 60. En el año 1999 lo compro una familia holandesa haciendo de todo este lugar su residencia habitual. Con su labor diaria y la de grupos de voluntarios, campos de trabajo veraniegos e internacionales, van sacando a flote este enigmático lugar tras 40 años de abandono.

Qué decir de los tres kilómetros de sendero que recorre la orilla izquierda del río Gállego, entre el puente de hierro de Santa Eulalia y el pueblo de Erés, pues como bien dice uno de los carteles al inicio: "Un sendero hecho para los sentidos", para disfrutarlo a pie o en bicicleta dejándose llevar.        
  

Trayecto en coche   
Ardisa se encuentra a 70 km de Zaragoza 
Tiempo del trayecto: 50 minutos

Ficha técnica
Ruta circular
Dificultad: moderada
Tiempo en movimiento: 3:12:29 h
Distancia: 42,6 km
Altura de inicio: 432 m
Altura mínima: 423 m
Altura máxima: 813 m
Desnivel de subida acumulado: 500 m

Perfil de la ruta
Enlace a wikiloc para visualizar y descargar ruta




+Fotos
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